Piray: el alma del carnaval

Por Hernán Agustini / Fotos Mabel Fernández

Apenas se confirmó que la pandemia cedía y el carnaval sería una realidad, los ensayos de la batucada comenzaron en el playón de Bº Obligado. El samba enredo se metía por cada espacio abierto de las casas y así llegó a mis oídos. Sobre el cascabeleo metálico repasé mentalmente el himno, que para mí estará, eternamente, pegado al “Pocho” Romero, que cuando estudiábamos historia nos embrujó a todos con las historias del Puerto y su pasión por Piray.

Piray – Registro Mabel Fernández

Estuvo poco tiempo en el profesorado y pronto se dio cuenta que lo suyo era la «Escuela de Arte» como todavía llamamos al Profesorado de Artes Visuales. El tarareo del himno me refrescó esos recuerdos: unos grandes cisnes de telgopor desechados detrás de la casa del Puerto donde una vez acampamos para la Pesca del Surubí, el carro con bailarinas semidesnudas desfilando frente a Plantese, el semillero constante de niños y la tristeza de su partida joven por una septicemia.

La noche que registrábamos el desfile lo cruce a Ramón Cano y al paso le pregunto cuanto hacía que bailaba, “hace 21 años que bailo” me respondió el inoxidable bailarín. El tiempo pasó rápido y Piray brilla por todos lados. En los parlantes se escucha que el Chimi Gamarra anuncia el desfile del “alma del carnaval”, esa comparsa que viniendo de un barrio popular mira a los ojos y con la frente en alto a todas las demás poniendo las fichas en el baile, el disfrute y el desenfado.

Piray – Registro Mabel Fernández

Las figuras van pasando, Dana Talía y su seducción se lleva todas las miradas, falta para que llegue la carroza de la reina Clara Monzón, que hará olvidar el paso de Dana, y en el medio de esos extremos una pasista alta se mueve sobre unos zapatos altos con dos niñas girando alrededor como satélites bajo la mirada atenta de un aguatero que las sigue de cerca.

“Débora es la mamá, Sofía es la de la izquierda y Lara que tiene dos años es la de la derecha”, me aclara Matías, el aguatero personalizado que cierra el círculo familiar. No son del Puerto pero Débora eligió Piray “porque siempre le gustó la onda de esta comparsa”, me aclara.

Piray – Registro Mabel Fernández

El himno suena una vez más: “explota el corazón, la mayor felicidad, es Piray tocando para alegrar a la ciudad”, sonrío para conjurar el recuerdo y quedarme con la risa del Pocho que le achicaba los ojitos hasta cerrárselos. La energía sobrevuela el corsódromo, seguro anduvo por ahí con Yinyi, Daniel y otros comparseros que cada verano deben bajar del mundo de los espíritus llamados por los tambores terrenales a los que, seguro se sumará, Juan Corchuelo, que en 2022 esperó cumplir con las tres presentaciones antes de dejar el plano terrenal.

CLIC AQUÍ para ver más fotos

Compartí con amigos