Luciana Paruzzo: «Mi casa de gatos»

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«Después de suspenderla varias veces por diferentes motivos relacionados a la pandemia, ¡se viene la presentación de Mi casa de gatos!». Y será en un espacio al que también siento mi casa y al que amo profundamente: la Biblio«, celebró la poetisa, Luciana Paruzzo, que el jueves 08 de abril a las 20:00 hs. presenta su trabajo en la Biblioteca Popular «Gral. Manuel Obligado».

«La poesía se convierte en un artificio para el descubrimiento», escribe Misael Castillo acerca de este libro y nos invita a leerlo.

Hay mujeres y hombres que cada día se sientan a escribir con la sencillez y la seriedad del niño que juega” enuncia Fidel Maguna, en referencia al libro Mi casa de gatos (Editorial Hacha de Río) de Luciana Paruzzo. El libro encarna un ser vivo, el objeto se convierte en un ente que respira. Los poemas parecieran seguir los pasos del sujeto que recorre el mundo y se presentan tres grandes campos semánticos que se configuran a partir de esta idea. El primero de ellos, en analogía con el ser y su subjetividad, es la representación simbólica de la casa. Por otro lado, tenemos la experimentación de un amor o, mejor dicho, un desamor no hegemónico. Finalmente, la relación con el exterior (donde toma una fuerza considerable la naturaleza y, particularmente, con el río).

En el primer poema del libro, el yo poético enuncia: “Sentí como me raspaban el pecho/ desde adentro”. Un dolor desconocido anuncia y sentencia. Cabe destacar que la autora, en el primer poema, brinda indicios de hacia dónde se dirige su obra, en la que lo desconocido será un lugar donde experimentar. La poesía se convierte en un artificio para el descubrimiento, para la develación de lo desconocido, una construcción con el fin revelar -como una cámara fotográfica- eso que el ojo humano pierde en la velocidad… Una mirada, no desde la perspectiva de la novedad, sino desde la reconstrucción a través de la palabra: “Dicen que la cola del cometa/ es el mismo/ desintegrándose”.

Es en este sentido, y no en otro, la autora desanda lo establecido con la curiosidad del sujeto que mira por primera vez y llena el espacio de preguntas. En el último poema enuncia: “Mi abuela me enseñó bordando (…)/ nunca subestimes el detalle”. De esta manera, lo que observamos es una suerte de manifiesto de lo que veremos a lo largo del libro. Sin embargo, rompe con la lógica y, en vez de ser un disparador, se convierte en una última canción. «Mi casa de gatos» es un libro de adentro hacia fuera. Los primeros poemas tienen un lazo subjetivo que, de todos modos, no dejan de apoyarse en la cotidianidad objetiva.

El amor aparece a lo largo de los poemas como un hilo conductor, pero no hablamos aquí de un amor idílico, sino más bien del amor como un punto de cuestionamiento. Subyace del lenguaje connotativo de cada uno de los poemas, una epistemología del amor que se vuelca a la construcción responsable y no hegemónica: “Yo quería para vos/ un amor (…)/ con sus neurosis bien pulidas/ Sin embargo/ pese a tanto diseño/ y planchado/ mi amor es río/ lleno de espantos, ahogos/ de camalotes nómades”. En esos versos, la autora decanta solidaridad antes que altruismo. Encuentra un modo de revisar lo que la propia subjetividad reclama para sublimarlo por medio de la propia crítica.

El tercer campo semántico se constituye, fundamentalmente, por construcciones que giran en torno al río. Coincide, además, con ser el último apartado y es presentado por una cita de Franco Rivero: “y era lindo andar/por debajo del agua/ con un alma/ más grande”. En este sentido, la autora invita al viaje final del sujeto que investiga: la naturaleza. El primer poema de ese apartado culmina: “Boyar,/ pensó:/ es algo así/ como pausarse entre dos cielos/”. Surge, nuevamente, la contemplación de lo nimio, la necesidad de dar una reversibilidad a la velocidad del mundo.

«Mi casa de gatos» es un libro del cual uno no puede despegarse, así lo sugiere cada poema. Además, una vez abierto, el primer poema indicará al lector que lo desconocido lo atravesará sin ningún tipo de preámbulos. La poesía es el camino del sujeto, por qué no del niño que mira todo con curiosidad, satisfaciendo su deseo. La palabra poética al servicio de la desautomatización de lo cotidiano.

Poemas

Cuando cumplí treinta estuve internada. Un estudio metió una cámara por mi boca. Tenían que ver a través del esófago una válvula del corazón. La doctora que me torturó sin anestesia con educación movía el caño mientras yo, luchaba por no vomitar. Sentí cómo me raspaban el pecho desde adentro. Ese dolor desconocido me hizo pensar en cómo se sintieron todas las ollas que he rascado en mi vida.

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Camino bajo la lluvia buscando pastafrolas para invitarte a mi casa de gatos. La capucha y la bufanda me hacen ver el mundo como un cine: sigo decidida a encontrar el dulce que te acerque

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Yo quería para vos un amor geranio de balcones. Que venga con neurosis pulidas bien peinado. Quería darte un amor capricornio estable lleno de razones. Sin embargo pese a tanto diseño y planchado mi amor es río lleno de espantos, ahogos de camalotes nómades. Mi amor es revuelta choca como un rayo arde y se embarra como yo en las palabras.

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Cuántas veces, pensó, quise ser boya flotar en translúcidos rayos espejos mecer el instante de ocredad hasta las tinieblas. Un zambullir parcial con sus misterios musgos algas silencios, burbujas babosas descanso de algún mínimo navegante boca abajo. Cuántas veces deseando las arrugas tiesas de sodio el sol y su resquebrajar impiadoso el laberinto sin salida de las olas bofetadas al viento otro crujir y otro. Si pudiera ser boyaraña con cientos de ojos y sus pequeños bastones coloreantes de la imposible fauna en su lenguaje el acontecer oscilante el emerger inacabable. Vibrar la reflexión sonora de tentáculos apresando del caminar de los cilios removiendo. Boyar, pensó: es algo así como pausarse entre dos cielos.

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Nuez pecán

Mi abuela me enseño bordando que uno debe ser tan cuidadoso en lo que muestra como en lo que oculta. Nunca subestimes el detalle -me dijo- un glaciar entero puede romperse en una nuez

Sobre Luciana Paruzzo

Luciana Paruzzo nació en Reconquista en 1979. Es poetisa y psicóloga. Participó en publicaciones independientes, revistas, fanzines, diarios, antologías locales, provinciales e internacionales. Ha obtenido diferentes reconocimientos en concursos de poesía locales y provinciales. En 2017, obtuvo el 1° premio de poesía en el Concurso Literario Vicentin. En 2019, el proyecto de su libro «Mi casa de gatos» fue elegido para su publicación como proyecto editorial por el Fondo Cultural Municipal de Reconquista. Junto con Diego Planisich coordina el ciclo de poesía «La mecha».

Foto: Luciana Paruzzo

Sobre Misael Castillo

Misael Castillo nació en Tostado, Santa Fe en 1993. Es poeta y estudiante del profesorado en Lengua y Literatura. En 2019 publicó el libro «Robarle al cuerpo lo que está de más» (Presente ediciones).

Foto: Misael Castillo

Reseña realizada por Misael Castillo, para +P. Si querés contactarte con él, escribile a misaelcastillo.1972@gmail.com

Fuente: +Poesía Revista