La inocencia, esa flor extraviada

Por *Miguel Caballero Miño

Dicen los que saben que para ser escritor se debe ser lector. Bueno, Miguel Ángel Gavilán es un lector minucioso y además un cinéfilo confeso. Con esa biblioteca personal construyó en “La inocencia” una historia corta, ágil, intensa.

Su prosa prolija y descarnada, tributaria de realismo sucio de Raymond Carver o James Ellroy, nos lleva con habilidad de hipnotizador y sinceridad de cronista a un ámbito absolutamente reconocible, tan nuestro que duele: el infierno de pueblo chico, con sus castas, sus resentimientos, sus esfuerzos y sus dolores. Cualquier parecido con nuestros pueblos y ciudades de llanura productiva e inmigración, es descaradamente voluntario.

Valiéndose de una estructura espiralada y de una polifonía de voces y actitudes, nos va presentando una galería de personajes a la vez dignos de piedad y de escarnio. En un ambiente donde se huye de la pobreza como sea, donde se sufre la injusticia como una condición natural de la vida que tocó, y donde se aprende antes la crueldad que la piedad, las criaturas de Gavilán navegan siempre al borde del desastre.

El telón de fondo va desde la llanura gringa de las colonias santafesinas hasta los piringundines y prostíbulos del Rosario desmesurado de principios de siglo XX. En la novela conviven el trabajo que parte la espalda, la corrupción que rompe las instituciones y la trata de personas como un innegable hecho histórico. Como en Cambalache. Acá ves llorar la patria gringa junto a la Zwi Migdal.

Llena de imágenes a la vez conmovedoras y brutales, es una de esas novelas que no nos deja indiferentes. Atraviesa sin anestesia muchos miedos y muchos silencios cómplices que todos podemos reconocer. Y en medio de todo eso la inocencia es apenas un bien de cambio en un mercado oscuro, algo que las criaturas de Miguel pierden con una resignación casi religiosa para poder seguir adelante, para poder vivir desde los dolores y los despojos. Todo contado con una carga visual casi cinematográfica, como en esas historias del middle west estadounidense que nos legaron John Huston o Sam Peckinpah, morosa y a la vez poderosísimamente humana. Y el efecto es extremadamente interesante: nuestras pequeñas historias cotidianas se revelan  universales.

No se pierdan esta historia. Es un claro ejemplo de la magia de los libros.

Presentación

La novela fue presentada el viernes 11 de marzo en La Librería de la UNL en la ciudad de Santa Fe. “Fue una noche hermosa, donde circuló un aire de camaradería y cariño verdaderamente reparador”, aseguró el autor de La Inocencia. “Los libros están en Santo Tomé libros, en Mauro Yardín y en librería UNL”, repasó Miguel Gavilán.


*Miguel Caballero Miño Santa Fe 1968 – Narrador y poeta, máster en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Salamanca, España. Miembro fundador del Grupo de Producción Literaria y Gestión Cultural “La Conspiración de los Fuleros” de la ciudad de Santa Fe.

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