Con la mirada puesta en el patrimonio cultural

Por Camilo Di Croce*

Para entrar en un acercamiento al significado del patrimonio cultural, es preciso exponer el concepto de cultura, el cual consideramos más apropiado y cercano a la realidad que viven nuestros pueblos.

 

Karl Marx nos dice que “el carácter social es la característica de todo el movimiento; así como la sociedad misma produce al hombre en cuanto hombre, así ella es producida por él”. Según la proposición teórica de Marx, el imperio de lo cultural (constituido por la ideología) es el reflejo de las relaciones sociales de producción, es decir, de la forma en que se organizan los hombres para realizar sus tareas económicas, de la cual se desprenderá la superestructura (las formas jurídica, política, artística, filosófica y religiosa). Es la actividad vital del hombre, por la cual él, se realiza como ser.

Por eso mismo, se considera al patrimonio cultural como “la forma de vida que a lo largo de los siglos hemos logrado construir los pueblos americanos” dice el intelectual mexicano Carlos Fuentes. Lo que luego interpreta el profesor Dante Ruggeroni como, “el conjunto de lenguas, tradiciones, costumbres, transformadas en objetos, es obvio, que necesita de un lugar físico que lo contenga, de un espacio donde exhibirlo”. El museo entonces, cobra status de centro o baluarte del patrimonio, el lugar simbólico de símbolos donde es organizado como sí, precedido por investigaciones.

Con lo analizado hasta el momento, no podemos seguir avanzando sin preguntarnos ¿qué es lo que está ocurriendo en la actualidad en La Gallareta con nuestro patrimonio cultural? ¿Lo conservamos como corresponde? ¿Cómo y de qué manera lo custodiamos? ¿Cómo lo resguardamos? y poniendo el análisis en el presente y en el futuro, ¿cómo lo vamos a transmitir a nuestras futuras generaciones?

Los peligros que ponen en riesgo el patrimonio cultural se encuentran al acecho y éstos pueden ser físicos (generados por la naturaleza) como inundaciones o tormentas, y los provocados por el hombre como el saqueo de sitios con riquezas arqueológicas o históricas, robos a museos, pérdida definitiva de archivos y bibliotecas por déficit en su conservación, así también como el descuido, la indiferencia, la ignorancia o los incendios.

Pero también existe un daño aún peor sobre nuestro patrimonio cultural, que afecta, principalmente, al patrimonio arquitectónico y es la imparable modernización. En el nombre mismo de la modernización se ataca de manera sistemática y despiadada la memoria de nuestro pueblo, destruyendo los edificios que significan el testimonio de nuestro pasado.

Por eso es menester rescatar y resignificar el concepto de modernización que en su propia esencia es portadora de pasado, presente y futuro. Es en este punto donde los Museos cumplen y ejecutan el rol de protectores del patrimonio en la conformación de la identidad de los pueblos.

Dante Ruggeroni, en su interpretación del antropólogo Néstor García Canclini dice, que existen usos contradictorios del patrimonio cultural, entre el que hacen los idealistas que lo consideran la expresión máxima del genio creador colectivo; los humanistas que le atribuyen el poder de la conciliación de todos los desencuentros “en un plano superior”; y los ritos que lo resguardan y conservan en lugares sagrados.

Según lo que se puede observar, existe una desigualdad a la hora de apropiarse del patrimonio cultural de parte de las distintas clases o sectores de la sociedad. A medida que la escala social disminuye, también lo hace la capacidad de apropiarse.

Esto se debe en primera instancia a la forma en que participan los grupos sociales en la construcción y formación del patrimonio. Por ejemplo: las iglesias, conventos y catedrales, poseen una conservación extraordinaria, mientras las construcciones populares son precarias, reemplazables o demolidas. Quien controla el poder que orienta la conservación del patrimonio cultural de acuerdo a su ideología y forma de interpretar la vida.

Para formular políticas con caracteres culturales, es necesario observar que, el patrimonio de índole cultural es un proceso social, el cual se produce y acumula. Es una construcción diaria. En la actualidad el valor del patrimonio está relacionado a la división social del trabajo, incluso en su división técnica. Por ejemplo, son considerados superiores ciertos edificios de acuerdo a su ubicación, sin ir más lejos y es preciso hacer un alto en el papel que juegan los medios masivos de comunicación.

Hoy en día consideramos que la educación de la sociedad concierne un doble proceso en la formación de los individuos, la fase colectiva brindada por la sociedad y la individual, ligada a lo subjetivo; ambas no pueden existir por separadas. La tecnología y los medios masivos de comunicación han reemplazado a la escuela en el rol de formación colectiva (aunque la escuela aún persista como mecanismo de disciplinamiento mínimo para el orden económico imperante), es decir, el control del Estado ya no está en su totalidad bajo la decisión de los ciudadanos, sino que muy por el contario, está excesivamente dominado por el poder económico. Y los medios (llámese parte del poder económico en alianza con otros sectores, con fines también económicos) asumieron la mayor parte del rol que ocupaba la escuela, sin la necesidad de invertir en educación y con fines totalmente mercantilistas.

*Camilo Di Croce es integrante de la comisión de Amigos de la Biblioteca Popular “Tanino” de La Gallareta donde acondiciona el material histórico de la institución

 

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