“Doble A”: Una dulce voz de 200 años

Walter Castro es un joven bandoneonista, pero en su biografía se acumulan nombres de grandes orquestas y músicos que pertenecen a lo más alto de la historia del tango en Argentina. Hace algunas semanas pasó por Reconquista, donde participó del Tercer Encuentro Federal de Tango y en una presentación que realizó en la Feria del Libro compartió una charla dedicada a su compañero de viajes y la vida: el Bandoneón “Doble A”, que le dio el sonido dulce e inconfundible al tango argentino.

En la década del ’80 Walter Castro formó el Sexteto Menor, luego Sexteto Sur y a principios de 1990 integró la Orquesta de Osvaldo Pugliese y en ese mismo año participó de la Orquesta de Horacio Salgán, solo para mencionar algunas personalidades con las que compartió escenario. Pero el alumno de Domingo Mattio, Julio Pane y Néstor Marconi, es un apasionado del instrumento que ejecuta tras descubrirlo en su casa de la mano de su padre.

Tango y bandoneón

El tango tuvo un gran desarrollo a partir de la década del XX donde se empieza a incluir el bandoneón dentro de este género, antes de eso se tocaba con flauta y guitarra, y era más un tango-milonga, o sea, con una rítmica mucho más rápida y casi no incluía letras. No tenía poesía o era muy poca la que tenía.

Llegado al año ‘40 el tango empieza a incluir un montón de letras. Surge nada menos que Carlos Gardel, que marca una estética, totalmente, clara sobre lo que es el tango canción y empiezan a surgir las grandes orquestas como Troilo, Pugliese, D’ Arienzo, De Angelis, ahí el bandoneón ya no es un instrumento solista que cumple la función de suplir la flauta y se empieza agregar varios bandoneones en la orquesta, o sea, que no hay un solo bandoneón si no que son 3 o 4 que tocan a voces imitando el desarrollo de las grandes big band de Jazz.

Orígenes

Supuestamente, el bandoneón deriva de un invento alemán. A fines del siglo IXX lo usaban para suplantar los órganos de las iglesias para tocar música clásica, sobre todo música barroca. Se lo colgaban y tocaban parados. No se sabe muy bien (porque se ha investigado y yo he tratado de hablar con la Academia Nacional del Tango y no se sabe bien) porque llegó a Buenos Aires.

Al parecer llega por una cuestión de que los italianos que desarrollaron la gran inmigración en principio del siglo XX. Lo trajeron como sustitución del acordeón, pero no esta tan claro que eso haya sido así. Llega a Buenos Aires y empieza a incorporarse a la música, sobre todo, a estos grandes bandoneonistas como fue Arolas, que empiezan a crear los primeros tangos como “La Cachila” y “El Choclo”.

Ese tipo de bandoneón no es el único bandoneón que se fabricaba en Alemania, y me paso cuando empecé a visitar Alemania, empecé a tocar los bandoneones que encontraba o me mostraban y no se pueden tocar porque tienen otro teclado. Tienen un teclado cromático (o menos teclas), y para uno que está habituado a tocar los bandoneones de acá es imposible, porque la mano no concuerda con el teclado. Es otra cosa, es otro instrumento, es muy parecido pero no es el mismo.

La pregunta es ¿qué paso?. Ahí se descubre que el bandoneón que gustó en el Río de la Plata y que empezaron a comprar es uno que los fábrica HOHNER, la fábrica de armónicas o a la “Doble AA” (que se llama así porque el fabricante era Alfred Arnold) y era toda una familia de fabricantes. Ellos fueron los fabricantes de los bandoneones “Doble A”, “Germania”, “Premier”, “Tres D” (que no es muy fácil encontrar). Al parecer, las voces de adentro del instrumento las fabricaba la “Doble A” y el mueble se lo hacía la HOHNER de la fábrica de armónicas. No vinieron tantos bandoneones y son muy buenos, se llaman “Tres B”.

Una dulce voz de 200 años

Después del ’40, el bandoneón se incorpora a la orquesta como un instrumento clave para el tango. Hoy los argentinos tenemos suerte porque se empezaron a fabricar bandoneones y hay varios fabricantes en Buenos Aires. Uno se llama Baltazar Estol, que es un chico joven, después hay otro que se llama Fisher, los dos son muy buenos fabricantes y lo que tienen de particular es que le han agregado un par de notas más graves en la mano derecha y más notas agudas en la izquierda, o sea, que para nosotros, los bandoneonistas, que estamos acostumbrados a tocar el “Doble A” requiere estudiar un poquito dónde están esas notas para poder tocar para agregarlas en el momento de tocar ya sea en un acorde o en una melodía, pero el sonido es muy bueno.

En Europa también hay fábricas que se han puesto a fabricar el instrumento y de la misma forma que los argentinos, son buenos los bandoneones. Igual no sé cuál es el misterio en el sonido. En mi opinión el sonido del “Doble A” no se puede sustituir. Es muy particular. Si ustedes lo escuchan van a ver que es un sonido dulce, que no lo han podido lograr.
Los instrumentos de hoy son muy buenos, tienen un sonido parecido, pero en general es muy medioso (que suena muy nasal). No se sabe por qué, pero calculan que es la madera con la cual han sido construidos la que le da ese sonido. El interior de esos bandoneones, donde apoyan los peines, que parecen una armónica, era de árboles muy viejos al momento de cortarlos y del momento de cortarlos y fabricar los instrumentos han pasado más de 100 años así que esa madera debe tener unos 200 años.

 

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