Emoción versus memoria

Con casi un centenar de participantes, un experimento tradicional mostró resultados inesperados. Un equipo de investigación halló que la intervención de componentes emocionales alteran la memoria a la hora de recordar.

“¿Te acordás de…?” Esta pregunta, dicha como al pasar, dispara, en quien deberá echar mano a su memoria, una serie de mecanismos en el organismo que la ciencia intenta develar. Ahora, científicas y científicos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA acaban de demostrar que el estado emocional juega un papel a la hora de recordar tras particulares circunstancias, según un trabajo recién publicado en Neuroscience.

Nada fue como lo esperaban. Se trataba de un experimento que se sumaba a otros, tras años de estudios -primero en cangrejos y luego en humanos- sobre cómo el estrés modula la memoria. Pero se llevaron una sorpresa. “Después de tanto tiempo, cuando lo vimos no lo podíamos creer. Pero al final, ¿está pasando esto?”, dice Alejandro Delorenzi, desde los jardines del Instituto de Fisiología Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE, UBA-CONICET), a cargo del equipo de trabajo.

No salían del asombro pues las respuestas dadas a una pregunta poco común para este tipo de prueba, abrió otra perspectiva: la emoción experimentada en el momento de fijar el recuerdo deja huellas y juega con la memoria hasta lograr hacerla tropezar, al menos en la prueba que llevaron adelante con más de 80 personas.

Cuando los recuerdos se traen al presente, si en ese momento ocurre algo inesperado, la memoria queda en estado inestable, lábil, y se puede reconfigurar el contenido.

El experimento

Música, imágenes de paisajes, “todas agradables”, eran las primeras sensaciones que un total de 83 participantes vivenciaban sentados frente a un monitor de computadora. Era la previa a la lectura por una voz femenina grabada de una lista de 15 palabras comunes.

“Inmediatamente después, se les pidió que repitieran en voz alta en un micrófono tantas palabras como pudieran recordar”, indican Jessica Mariel Sánchez Beisel, Francisco Javier Maza, Nadia Justel, Pablo Nicolás Fernández Larrosa y Alejandro Delorenzi en la publicación.

El equipo tomaba nota de las respuestas dadas por voluntarios y voluntarias que oscilaban entre los 19 y 37 años. Eran estudiantes de Exactas UBA, profesionales con posgrados o doctorados. Habían recibido entrenamiento para comprender cómo sería la prueba, que “es un test tradicional de memoria neutra, muy usado en hospitales en la clínica”, describe Delorenzi. Para el primer día, nada más sucedería.

Alejandro Delorenzi y Pablo Nicolás Fernández Larrosa.

Recién al sexto día, volverían a reunirse y el pelotón de participantes se dividiría en tres grupos. Uno de ellos pasaría mayores vicisitudes porque los investigadores e investigadoras ponían en práctica resultados de trabajos obtenidos por Héctor Maldonado, fundador del Laboratorio de Neurobiología de la Memoria de Exactas UBA. Él y su grupo mostraron un dato significativo: cuando los recuerdos vuelven a recuperarse o se traen al presente, si en ese momento ocurre algo inesperado, la memoria queda en estado inestable, lábil, y se puede reconfigurar el contenido. “De alguna manera, la novedad hace que la memoria cambie, según esta hipótesis cada vez más difícil de refutar”, dice Delorenzi, actual director del Laboratorio de Neurobiología de la Modulación de la Memoria en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

En este caso, el grupo que sortearía las mayores dificultades comenzó el sexto día, con música y las mismas imágenes agradables del primer día. El cerebro, condicionado por esta previa, predecía que enseguida vendría la lista de palabras a recordar. Sin embargo, una sorpresa impidió que eso sucediera. Este hecho inesperado buscaba que las memorias ingresaran a un estado lábil.

Pero eso no era todo. Minutos después de este “imprevisto”, cada participante de este grupo colocaría su brazo en un balde con agua fría. “Quisimos probar -menciona- cuál es el efecto del estrés leve (segundos de frío) en el realmacenamiento de la memoria de largo plazo. Nosotros esperábamos que la mejorara, pero eso no ocurrió. La empeoró”.

Quienes estaban más tensos, tenían menor cantidad de recuerdos que quienes dijeron sentirse más tranquilos.

Sorpresas te da la vida

El séptimo día, de la evaluación final, los otros dos grupos -uno de control y otro que vivió la misma sorpresa, pero sin pasar por la prueba de frío- recordaban una mayor cantidad de la lista de palabras, que el conjunto afectado por una sucesión de hechos inesperados y molestos.

Pero una pregunta realizada en la prueba brindó otra perspectiva: “¿Cuál de los puntos de la escala representa mejor cómo te sientes en este momento exacto?” Y mostraba -para que marcaran su sensación-, una escala de nueve puntos con figuras de mucho nerviosismo en un extremo, y muy relajadas en el otro.

“Quienes estaban más tensos, tenían menor cantidad de recuerdos que quienes dijeron sentirse más tranquilos”, precisa Delorenzi, y agrega: “Evaluar el estado emocional de estos sujetos nos permitió ver algo nuevo: el despliegue de la emocionalidad es lo que  lleva a tener esa mala performance. No está afectado o afectada porque tiene una memoria más o menos fuerte, sino que es el acoplamiento de esta emocionalidad lo que probablemente altere el trazo de la memoria”.

“Evaluar el estado emocional de estos sujetos nos permitió ver algo nuevo: el despliegue de la emocionalidad es lo que lleva a tener esa mala performance”, precisa Delorenzi.

Cuando la emocionalidad entra en juego, parece alterar como se expresa la memoria y, en este caso, hacerle una mala pasada.  “Los componentes emocionales que se dispararon ante un estresor leve como el frío, también se incorporan dentro de la memoria. Se pegotean. Ahora, cada vez que llama a la memoria, el sujeto trae todo. No sólo vienen las palabras, sino los componentes emocionales que vivenció”, precisa Delorenzi, profesor de Exactas UBA e investigador del CONICET.

Esta perspectiva viene a completar un trabajo de décadas de estudio. “Empezamos a tener evidencia, luego de años de búsqueda, de cómo juega la emocionalidad”, dice Delorenzi y concluye: “Nosotros mostramos que los componentes emocionales se pueden incorporar a los trazos de una memoria neutra, pero como un tipo de memoria distinta”.

Fuente: nexciencia.exactas.uba.ar

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