El quebracho y su revancha desde el más allá

Por *Marcelo «Chacho» Cena

Tenes que ir hasta el que está en la esquina del cruce de la calle del cementerio y la que va para el puente, ni bien comienza aclarar el día y decirle: buenas tardes don quebracho, y envolverlo con cinco chicotazos.

Esta es una de las tantas curas para la sarna del quebracho, remedio difundido –con variantes- en la zona de quebrachales, que abarca desde misiones hasta más o menos la mitad de Santa Fe y desde corrientes hasta Santiago de Estero.

La maldición del quebracho ataca a las personas que le hacen daño, a quienes terminan abruptamente una parte del ciclo de su existencia.

La enfermedad del quebracho, decía Bialet Massé[1] en su Informe sobre la clase obrera de principios del siglo XX, tiene como síntomas principales decaimiento del cuerpo, pesadez en la cintura y dolor de cabeza, frontal y hasta escalofríos. Una fiebre que solo dura de tres a cinco días, pero los edemas imposibilitan el movimiento durante un mes o más, ya que atacan las piernas, pies y antebrazos.  En algunos casos, el estrago impide la vuelta al trabajo. Una vez pasado, no vuelve. El remedio propuesto es el baño en las aguas de color rojizo teñidas por las astillas del quebracho.

Para el maestro Jorge Abalos, el remedio estaba en una tortilla a base de cenizas del mismo árbol. El Paaj es el mal del quebracho, el aire del quebracho, la sombra del quebracho, la ponzoña del quebracho, dice Ansha a su maestro, mientras habla de su medicina, ya que “ha saludado al quebracho padre, y ha hecho una tortilla de ceniza amasada y la ha atado a su tronco con una tira de tela colorada. Con eso espera aplacar la ira del árbol…”[2]

El doctor Maradona[3] comprobó la sarna en un correntino que lo acompañó en algún viaje de Charaday a Resistencia. Según la explicación del casual acompañante, el quebracho le había aborrecido, no le había caído en gracia desde que le vio. Aunque para el Dr., el conjuro se había transmitido con los últimos suspiros exhalados luego de los mortales hachazos al milenario árbol. Según la curandera consultada por el médico la sanación para esas iras del macizo proviene de: “untarse las lesiones con las cenizas del mismo palo y con grasa de animales silvestres, como la de <<surí>> (sic), por ejemplo; atar luego al tronco del ejemplar ofendido, en su raíz una tira roja” y retirarse cautelosamente “sin mirar atrás”. La explicación científica que atribuye el médico a la cura de este mal, es menos imaginativa y fácilmente comprobable.  [4]

La maldición suele concluir a la vuelta del cementerio, cuando se cierra el ritual abrazando a lazasos limpios el tronco del quebracho, al atardecer y luego del saludo: Buenos días don quebracho.

Desde el 29 de enero y hasta el 25 de mayo se llevarán adelante una serie de mesas- conversatorios en el marco de los 100 años de las revueltas obreras a La Forestal, las charlas podrán seguirse mediante las redes sociales y estarán disponibles en línea.


*Marcelo Cena. Profesor de Historia, integrante del «Encuentro por la Memoria, la Identidad y la Reivindicación de los Pueblos Forestales».

[1] Massé, Juan Bialet (1986) Informe sobre el estado de la clase obrera en el interior de la república. Tomo I, Argentina: Hyspamerica.

[2] Ábalos Jorge Washington (1975) Shalacos, Argentina: Editorial Losada

[3] Maradona Esteban Laureano (2012) A través de la Selva, La Plata, Argentina: ProBiota. FCNyM, UNLP.

[4] Un cruce entre Ábalos y Maradona sobre “La sarna del quebracho” con autoría de Martín Avalos puede verse en

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