Edificio Vilaseca: sanar las heridas con un Centro Cultural

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A pocos días de cumplirse dos años de la desaparición del edificio de uno de los primeros almacenes de ramos generales de Reconquista, vecinos reunidos en la Multisectorial por la Soberanía y el Trabajo piden que el terreno donde el Grupo Vicentin demolió el edificio Vilaseca y que por más de cinco décadas albergó a la Escuela Superior de Comercio Nº 43, se transforme en un Centro Cultural.

El edificio que se levantaba en la esquina de General Obligado y Alvear había sido construido en 1898 y a pesar de que conservaba sus características originales no había sido alcanzado por un listado de edificios considerados Patrimonio Histórico de la ciudad, por lo que en 2019 el Grupo Vicentín lo tiró abajo para construir una Mega Torre de lujo de 25 pisos que demandaría una inversión superior a los 100 millones de dólares, en el mismo momento en el que el Grupo económico presentaba un concurso de acreedores. Dos años más tarde, la esquina que para miles de vecinos es el recuerdo de su escuela secundaria, se transformó en un agujero negro que se tragó edificio, historia y promesas de prosperidad

Edificio Vilaseca

La historia de los habitantes del almacén de ramos generales de la familia Vilaseca se remonta a los últimos años de 1880 cuando Francisco Vilaseca y Dolores Sellarés llegaron desde Barcelona a la colonia de Avellaneda donde emprendieron el trabajo de ladrilleros.

La familia fue creciendo con la llegada de Margarita, Carmen, Mercedes, Benita, y Melchor a la par de que construían el edificio en Reconquista donde instalarían el almacén. Meta alcanzada en 1898 cuando el edificio de General Obligado y Alvear quedó terminado.

“El terreno media cincuenta metros de lado. La fachada del frente se halla original, salvo la modificación de tres puertas que se convirtieron en ventanas. El Interior de la casa ha sido objeto de subdivisiones y otros. Un inmenso patio a lo largo de una galería, una parte del mismo con un emparrado, lindaba con el jardín y la huerta, y más allá estaban los árboles frutales y el gallinero. Y aun sobraba extensión para una vaca lechera que los proveía de leche”, describió Florentino Hernández en “Crónicas de nuestra Ciudad” (2012).

“El bar, que no era el tipo de bar que conocemos hoy, pues allí no se bebía, sino que se servían algunos platos típicos catalanes, atendía también los domingos, y tenía como habituales concurrentes a los campesinos que salían de la misa de las 10. En ese lugar podían comer tortilla con cebolla, chorizo colorado y otros”, agrega Hernández. El almacén siguió funcionando hasta 1944 cuando cerró sus puertas y en 1946, el local fue alquilado al Ministerio de Educación para que funcione allí la Escuela Nacional de Comercio.