Alba Zanon y los molinos de viento

La esquina de Alvear y Obligado es el lugar de una gran fosa de tres metros de profundidad. Hasta hace dos años, allí se levantaba el viejo almacén de ramos generales de la familia Vilaseca, un edificio histórico que fue demolido por el Grupo Vicentín para construir una mega torre de lujo, que demandaría unos 100 millones de dólares, algo que nunca llegó porque la empresa entró en estrés financiero primero y concurso de acreedores después.

Oportunamente, los reclamos por la pérdida del patrimonio histórico, que representaba el edificio Vilaseca, donde funcionó por casi seis décadas la Escuela de Comercio se hicieron sentir desde diferentes sectores, pero el tiempo bajó la espuma y la aguas se calmaron, salvo para una exalumna, Alba Zanon que, en los dos aniversarios de la demolición, realizó una presencia y reclamó en el lugar donde se levantaba el edificio.

En el último aniversario (03 de abril de 2021) estuvo acompañada de cuatro personas más, entre ellas Darío Petrucci, un joven que hace un mes se lo llevó el virus que no para de generar dolor en el mundo entero. Ante la pérdida, Alba realizó un “recordatorio”, un “reconocimiento” por sus “virtudes de ser humano excepcional, su generosidad, su bondad, su espíritu de colaboración”.

“No nos conocíamos personalmente, sólo a través de Facebook, como yo mandaba mensajes de invitación instando e invitando al público en general a que concurran al Acto del 3 de Abril: Día de la Trágica Demolición de la ESCUELA DE COMERCIO. Al leer esos mensajes, él se comunicó conmigo ofreciéndome su colaboración y diciendo que traería al Acto su equipo de audio. Yo hasta que no vi no sabía si sería cierto. Y gracias a eso el Acto salió realmente hermoso”, recordó Alba Zanon.

El sábado 03 de julio, Alba volvió a la esquina de Alvear y Obligado donde unas placas de metal delimitan la fosa y pegó fotos de Dario, tal como lo hizo el 03 de abril. Fotos, recuerdos, capturas de luz reflejadas en un edificio y un joven que hoy ya no están. Seguro que las fotos por sí solas no cambiarán al mundo, pero quizás, como la gota que orada la piedra esos recuerdos de edificios, de personas y de luchas que parecen perdidas, un día germinen en la voluntad de una ciudad que se decida a construir un presente sin olvidar el pasado, los orígenes, la identidad donde se apoya.

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